Ya en las tardes roncas de mi voz solía oír aquellas avecillas que muchas veces cantaban a la vida. Hoy por hoy las aves ya no cantan, ya no están. Sólo existe el cantar de mis latidos, que rimbombantes le hacen honor a aquellos bellos días de campo, a aquellas memorables salidas criollas, a aquellos memorables olores llenos de nostalgia, que ya no se perciben, sino con el olfato infalible del recuerdo.
Cosas plásticas
Hace 12 años
