Las
palabras simplemente fluían, no había sentimientos en ellas, sino sólo la
esencia de escribir por escribir. Su corazón se había vuelto de piedra, y su
mente navegaba en la magia de lo inexistente. Alguna vez hubo recuerdos, claro
que sí, los hubo, pero qué más daba, si la llama de la esperanza que en algún
momento se dejó sentir en su mirada, ya no estaba, ya no existía. Ella se
disolvía en el tiempo y el espacio; Él, simplemente, ya se había disuelto en el
gélido momento de no sentir.
Cosas plásticas
Hace 12 años
